Ejercicio Físico

Se describe la importancia del ejercicio físico en el tratamiento de la obesidad. La actividad física logra aumentar el gasto calórico, que junto con la dieta permite que los pacientes adelgacen. También el ejercicio físico ayuda a mantener el descenso de peso logrado con un tratamiento, sin necesidad de hacer una dieta estricta. Los ejercicios má recomendados son los aeróbicos, como caminar, la bicicleta fija o móvil, la natación.
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  • Ejercicio Físico

En la actualidad está demostrado que la práctica de “ejercicio físico” es  una parte importante del tratamiento de la obesidad, porque  ayuda a quemar calorías y  de esta forma se logra un equilibrio entre lo que come el paciente y las calorías consumidas.   

La dieta siempre debe ser complementada con la actividad física, para que de esta manera las personas obesas aumenten el gasto energético y disminuyan la grasa corporal, pudiendo descender de peso.

Es importante que los pacientes elijan una actividad física que les guste y que puedan realizar con facilidad. Caminar puede ser una opción al alcance de todos, especialmente si se puede hacer acompañado. Otras opciones son la natación, la bicicleta fija o móvil, etc.

¿Qué importancia tiene el “ejercicio físico” en el tratamiento de la “obesidad”?

Está demostrado que la realización de “ejercicio físico” en el tratamiento de la “obesidad” es uno de los pilares fundamentales en que se apoya el mismo, por los diversos beneficios que se obtienen sobre el funcionamiento corporal y sobre la esfera psicológica del paciente obeso.

El aumento de la actividad física ayuda al paciente a adelgazar, pero también a mantener la disminución de peso lograda sin necesidad de hacer dietas tan estrictas.

¿Cuáles son los beneficios que logran los pacientes con la realización de “actividad física”?

Los pacientes obesos cuando realizan ejercicio físico logran:

1) Bajar de peso, logrando mantener el descenso a través del tiempo porque la realización de ejercicio físico aumenta el gasto de calorías del cuerpo.

2) Disminuir el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, como por ejemplo la hipertensión arterial. Con el ejercicio físico disminuyen los triglicéridos y aumenta la fracción HDL del colesterol en sangre, llamado “colesterol bueno” porque protege las arteria evitando que se deposite el colesterol en las paredes de los vasos.

3) Mejora la movilidad de las articulaciones y  aumenta la masa muscular, lo que en la práctica se traduce en una mayor flexibilidad en los movimientos con mejores posturas. Los pacientes tienen menos posibilidades de tener desgarros, contracturas, hernias de disco vertebrales, etc.

4) Previene y mejora la osteoporosis.

5) Disminuye el estrés, lo que repercute positivamente en la calidad del sueño de los pacientes, logrando descansar mejor durante la noche.

6)  En la parte emocional del paciente se produce una disminución de la ansiedad y un aumento de la autoestima, lo que facilita la integración social. Otro logro del “ejercicio físico” es el mejoramiento del humor, lo que ayuda a cumplir la dieta. En las personas deprimidas tiene efectos positivos, mejorando el ánimo.

¿Cuál es el tipo de ejercicio físico que se aconseja realizar para bajar de peso y después mantenerlo?

Los ejercicios que se pueden realizar son de tres tipos:

1) Aeróbicos: son aquellos en que se trabajan los grandes grupos musculares. De esta forma el organismo utiliza las reservas grasas para obtener la energía que necesita  para realizar el ejercicio. Entran en este grupo las  caminatas, andar en bicicleta, correr, nadar. El baile es una

2) Fuerza: se realizan contra una resistencia o peso, y sirven para aumenta la masa muscular. El levantamiento de pesas,  la utilización de mancuernas al hacer ejercicio, las máquinas o las bandas elásticas en la gimnasia localizada logran mejorar la fuerza  de los músculos, incrementando el volumen de los mismos.

3) Elongación: estira las masas musculares y mejora los movimientos de las articulaciones.

Se recomienda hacer ejercicios aeróbicos, por ejemplo caminar, de tres a cuatro veces por semana durante 30 minutos como mínimo. Para que la “actividad física” sea beneficiosa para la salud, tanto física como mental, debe reunir dos condiciones. La primera es empezar lentamente yendo de lo más sencillo a lo más exigente, y la segunda condición es la constancia porque los resultados positivos dependen de la continuidad.

Antes de comenzar una “actividad física” es recomendable hacer ejercicios de elongación para calentamiento de los músculos, y al finalizar para relajar y estirar las fibras musculares.

La Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad (IASO) recomienda realizar 45 a 60 minutos de ejercicio físico todos los días. Cuando el objetivo es mantener el peso logrado después de un tratamiento para bajar de peso, lo que sugieren es aumentar la actividad física a 60-90 minutos diarios.

¿Qué hacer cuándo el paciente es una persona sedentaria?

En estos casos se aconseja aumentar la actividad física que realiza todos los días en forma habitual, por ejemplo se pude subir por la escalera algunos pisos, bajarse del medio de transporte una o dos paradas antes, ver menos televisión, ir a pie en lugar de usar el coche o tomar el colectivo, levantarse de la silla y dar unos pasos en el momento de descanso cuando se realiza un trabajo sedentario.

Es importante tener en cuenta que siempre se está a tiempo para comenzar a realizar una “actividad física”, y que es la mejor manera de evitar recuperar el peso perdido después de un tratamiento.

Siempre se debe consultar con un especialista antes de iniciar la realización de “ejercicios físicos”, quien valorará que actividad física es la más adecuada para cada paciente según el estado cardiorrespiratorio de cada persona.  

Bibliografía: Dr. DE Girolami – Dr. González Infantino –CLINICA y TERAPÉUTICA de la NUTRICIÓN del ADULTO – Editorial EL Ateneo – 1ª Edición