Embarazo y Alimentación

Se describen las pautas alimentarias y los nutrientes que debe ingerir la embarazada para cubrir las nacesidades maternas y del feto.

Alimentación durante el embarazo

La importancia de consumir una dieta adecuada para tener una buena calidad de vida, es un concepto que nadie pone en duda en la actualidad. Este principio también se aplica cuando la mujer está embarazada.

El embarazo produce cambios en el organismo de la madre, necesarios para la adaptación al nuevo estado biológico, de ahí la frase “estás embarazada, tenés que comer por dos”, aunque en realidad se trate sólo de una tradición popular. La embarazada sólo necesita comer en forma variada y completa, para cubrir los requerimientos nutricionales indispensables para llevar adelante el embarazo sin complicaciones maternas o fetales, porque no sólo hay una sobrecarga en el funcionamiento de algunos órganos y sistemas maternos, también el organismo fetal recibe nutrientes de su madre. Por esta nueva situación la mujer necesita un aporte diferente de nutrientes, reforzando la ingesta de algunos, que le den la energía y los elementos necesarios para asegurar el desarrollo normal de su hijo, e impedir que consuma sus propias reservas.

Durante esta etapa de la vida de la mujer, rigen los mismos principios sobre la alimentación que cuando no se está embarazada .Se debe comer en forma equilibrada, evitando el aumento escaso de peso o el sobrepeso, porque ambas situaciones perjudican el crecimiento fetal o el desarrollo del embarazo.

La dieta durante el embarazo debe ser variada, y en cantidad suficiente para asegurar la ingesta de todo tipo de alimentos, que provean los nutrientes necesarios para el buen desarrollo del bebé, como proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas.

Los objetivos del plan de alimentación de la embarazada deben ser para:

1) Cubrir las necesidades de la madre y del hijo

Las necesidades energéticas aumentan, desde la semana 14ª, en 300 calorías/día, tomando como referencia las necesidades calóricas de una mujer no embarazada, pero este aumento de consumo de calorías, a veces coincide con una disminución de la actividad física de la mujer, por lo que habrá que evaluar las demandas calóricas reales de la dieta, para no hacer una reducción excesiva de calorías, o bien comer con un exceso calórico.

Proteínas

Debe aumentarse en un 10% la cantidad de proteínas en la dieta, respecto del aporte dietético recomendado para una mujer no embarazada. Sirven para la formación de los tejidos fetales y el reemplazo constante de los tejidos maternos. La cuota proteica debe ser cubierta en una gran proporción por proteínas animales, magras preferentemente, para mantener un equilibrio proteico positivo. Cuando este aporte es insuficiente la embarazada sufre desnutrición y el feto alteraciones de su evolución (aborto, parto prematuro, etc.). Las proteínas aportan 12 al 15 por ciento del valor calórico total.

Hidratos de carbono

Los hidratos de carbono dan energía al organismo, lo que se manifiesta en la producción de actividad muscular y calor. Los almidones y azúcares acompañados de fibras, proporcionan la energía. Deben proporcionar del 50 al 60 por ciento del valor calórico total de la dieta.

Grasas

Las grasas desempeñan una doble función, aportan energía y ayudan a formar tejidos, esta última en menor proporción que las proteínas. Durante el embarazo deben proporcionar el del 30 al 35 por ciento del valor calórico total de la dieta.

Minerales y vitaminas

Es importante que la dieta de la embarazada cubra las necesidades de hierro, calcio, vitamina B12 y ácido fólico, todos elementos con requerimientos aumentados durante la gestación.

Estas pautas alimentarias se logran ingiriendo diariamente los siguientes alimentos:

  • Lácteos: aportan calcio, cuyas necesidades aumentan especialmente en los últimos meses del embarazo, cuando comienza la calcificación ósea fetal. Se recomienda que la ingesta de calcio a lo largo del embarazo sea de 1.200 mg/día.

  • Carnes: preferentemente magras, son fuente de hierro y vitamina B12. Verduras y frutas: crudas o cocidas, en este último caso cuidando una correcta cocción.

  • Almidones: legumbres y cereales que son fuentes de vitamina B1 y fibras, éstas son necesarias para disminuir la constipación que suele haber en el embarazo.

  • Grasas: se aconseja ingerir las de origen vegetal, ricas en ácidos grasos monoinsaturados y vitamina E, ( aceite de oliva, aceite de girasol, nueces, avellanas almendras, palta, aceitunas, barras de cereal).

  • El alcohol puede ser peligroso por la toxicidad sobre el feto, por su acción antagonista con el ácido fólico y por el déficit nutricional que acarrea.

  • La sal y la cafeína (café, bebidas colas, chocolate) deben ser consumidas con moderación.

2) El aumento de peso de ambos debe ser el adecuado para que tanto la madre como el hijo tengan una buena salud, aún en los años posteriores a la procreación.

Se estima que el aumento de peso no debe ser mayor de 12.5 Kg. Tampoco es bueno el escaso incremento en el peso, porque pude ser causa de bajo peso en el recién nacido. El sobrepeso también es perjudicial para la evolución del embarazo.

3) Tener buenos hábitos alimentarios

Conviene hacer seis ingestas diarias, sin someterse a ayunos o a dietas estrictas, porque pueden perjudicar al feto. No es conveniente saltearse ninguna comida.

Para determinar las calorías que debe ingerir cada embarazada, se tendrá en cuenta la actividad que desarrolla la mujer. Será el obstetra quien la orientará sobre la necesidad de consultar con un especialista en nutrición.

La constipación que puede tener la embarazada, como consecuencia del enlentecimiento de las contracciones del intestino, puede ocasionarle molestias. La ingesta de abundante líquido, incluir un poco de grasa en las comidas para lubricar y estimular la actividad del tubo digestivo (aceites de maíz, oliva, girasol, canola), tomar té claro y paca cantidad, son factores alimentarios que influyen para aliviar la constipación. También se aconseja consumir alimentos que contengan fibra, por ejemplo cereales (principalmente salvado), vegetales crudos (verduras de hojas), frutas frescas (naranja, pomelo, ananá, ciruela, mandarina) y como infusión se sugiere el mate cebado o cocido.

Se aconseja hablar con el obstetra para que evalúe el estado nutricional de la embarazada y su alimentación, para descartar de esta forma un estado de riesgo nutricional durante el embarazo.