Osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad que consiste en la alteración de la arquitectura de los huesos, con aumento del riesgo de fractura. El tratamiento se hace con drogas y con medidas para prevenir la enfermedad, ya que no da síntomas, por eso se la llama "enfermedad silenciosa". El diagnóstico se hace con un estudio llamado densitometría.

  • Osteoporosis

La “osteoporosis” es una enfermedad que va apareciendo a medida que las personas tienen más años, pero que puede prevenirse desde la infancia y la adolescencia. En esta época la expectativa de vida de las personas se ha prolongado, por este motivo el desafío para la medicina actual es lograr la prevención de esta enfermedad para evitar las consecuencias de discapacidad física, y en algunos casos el aumento de las muertes a causa de  la “osteoporosis” no tratada.

Definición: la “osteoporosis” es una enfermedad que afecta a los huesos, deteriorando la arquitectura del tejido óseo, lo que trae como consecuencia la fragilidad del hueso y el mayor riesgo de fracturas.

Tanto hombres como las mujeres pueden tener la enfermedad, pero es más común en el sexo femenino especialmente  después de la menopausia. La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que el 30% de las mujeres posmenopáusicas tiene “osteoporosis”.

Estructura del hueso: el hueso es un tejido vivo que sufre cambios continuamente por la actividad de las células que lo componen. Los osteoblastos son las células que forman el  hueso y los osteoclastos las que lo moldean y destruyen. En el caso de la “osteoporosis” hay destrucción del tejido óseo sin que haya un aumento de la formación del hueso para compensar la pérdida de masa ósea, lo que debilita el hueso. La consecuencia es la debilidad del hueso, que puede fracturarse aún ante traumatismos mínimos.

Edad: el riesgo de tener  “osteoporosis” aumenta con el paso de los años, lo que se puede demostrar con estudios que miden la masa ósea (densitometría). La enfermedad es 12 veces más frecuente entre las mujeres de  50 a 80 años.

Factores de riesgo: en la aparición de esta enfermedad influyen diferentes factores. Algunos son inmodificables porque no se pueden cambiar, como el sexo (la “osteoporosis” es más frecuente en las mujeres), la raza (esta enfermedad es más común entre las personas de raza blanca), la genética (los antecedentes familiares de “osteoporosis”  influye el desarrollo de la enfermedad), la estatura y el peso corporal (las mujeres delgadas y de menor estatura están más expuestas al riego de tener la enfermedad). También existen factores que favorecen la “osteoporosis” pero se pueden modificar para ayudar a prevenir o a mejorar la enfermedad, como tener una vida con hábitos saludables, que incluyen una alimentación rica en verduras, frutas y especialmente lácteos para que haya un buen aporte de minerales, especialmente el calcio que forma parte de la estructura del hueso.

Síntomas: a la “osteoporosis” se la llama “enfermedad silenciosa”, porque en sus primeras fases no da síntomas. Generalmente se manifiesta después que la enfermedad está instalada durante  años, y en la mayoría de los casos el primer signo de alarma es la aparición de fracturas   producidas por un golpe, a veces leve, o aparecen en forma  espontánea.

Las fracturas son más comunes en la columna vertebral a nivel dorso – lumbar, en el antebrazo, a la altura del radio, y en la cadera en el cuello del fémur.

Un síntoma importante de esta enfermedad es la disminución de la altura, entre los 2 cm a 3 cm, debido al aplastamiento de las vértebras. Todas las personas habitualmente disminuyen la talla con los años, y aunque esto es habitual no por eso es normal, y debe tenerse en cuenta como síntoma de “osteoporosis”. Esta deformación de la columna puede  producir el aumento de la curvatura anteroposterior, dando el aspecto de espalda encorvada.

El dolor a nivel de la columna  es consecuencia de las fracturas que sufren las vértebras, aunque puede haber microfracturas que no dan síntomas y sólo se descubren en los estudios de control.

Diagnóstico: los primeros indicios de que una mujer tiene “osteoporosis” pueden aparecer en una radiografía convencional, pero la prueba definitiva que confirma el diagnóstico es la densitometría ósea.  Este estudio es el mejor método de que se dispone en la actualidad para determinar la calidad del hueso y el riego de futuras fracturas.

Prevención: la “osteoporosis” puede prevenirse desde la infancia y adolescencia con una vida sana que incluye una dieta rica en vegetales, frutas y especialmente lácteos, que aportan el calcio que necesita el hueso para mantener su estructura normal.

La actividad física cumple un papel importante en la prevención de la “osteoporosis.”

La práctica de ejercicio físico ayuda a tener mayor fuerza muscular, mejorar la movilidad y la coordinación, reduce el riesgo de fractura, previene la pérdida de masa ósea, corrige la postura y disminuye el dolor. Un ejercicio fácil de practicar es la caminata a paso rápido y con calzado cómodo, que hace más fácil la actividad física.

Entre las medidas preventivas se incluyen el no fumar, beber alcohol con moderación, disminuir la cantidad de sal y de café.

La exposición al sol es una forma simple de prevenir esta enfermedad, ya que con sólo 10 minutos alcanza para mejorar la calidad del hueso.

Todas estas medidas de prevención ayudan a mantener la microarquitectura del hueso, lo que disminuye el riesgo de fracturas.

Tratamiento: el objetivo del tratamiento es mejorar la calidad del hueso y reducir el riesgo de fracturas.

Hay diferentes tratamientos que pueden ser calcio, vitamina D, bifosfonatos, terapia de reemplazo hormonal, calcitonina, ranelato de estroncio y hormona paratiroidea.

Generalmente conviene que el tratamiento sea interdisciplinario, es decir que incluya a diferentes especialistas como traumatólogos, reumatólogos, endocrinólogos, nutricionistas y clínicos.

No se debe olvidar que el mejor TRATAMIENTO para la “osteoporosis” es la PREVENCIÓN de la enfermedad.

Bibliografía: Guía para diagnóstico, prevención y tratamiento de la Osteoporosis – Revista de Osteología- Año 2007  Vol. 6 N° 3 pág. 27 - 39

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